UNA AGUJA ES SUFICIENTE

Las agujas no siempre han sido las protagonistas del reloj, pero sí un elemento fundamental en constante evolución y personalización.  También conocidas como manecillas se encargan de medir la hora, los minutos y lo segundos, pero no siempre fue así. Los primeros relojes solamente utilizaban una aguja.

La evolución de la lectura del tiempo por medio de una manecilla comienza con los relojes solares. El dispositivo se instalaba horizontalmente, con la barra encarada hacia el sol y la lectura del tiempo se realizaba por la posición de la sombra de la barra indicadora sobre la calibrada, haciendo de este el primer reloj monoaguja.

Sobre el 1600 se inventaron los primeros relojes mecánicos que funcionaban con grandes pesos que hacían girar una sola manivela. Las primeras agujas eran bastas y robustas, ya que la esfera no iba todavía protegida por un cristal. Hacia finales del siglo XVIII se hicieron más finas y elegantes; eran trabajadas a mano, lima y buril, practicándose los orificios con ballesta. 

Hacia 1764 se empiezan a recortar con un punzón troquelado o a martillo. A menudo se adornaban con piedras artificiales; la aguja Breguet y, más tarde, las agujas Luis XV y Luis XVI, eran de oro finamente cincelado en los relojes de calidad.

En un principio Abraham Louis Breguet usó agujas inglesas de oro, pero hacia 1783 inventó una aguja absolutamente nueva, fabricada en oro o acero azulado y caracterizada por el punto con vaciado descentrado que recuerda a una manzana hueca o una luna creciente. Esta nueva forma, delicada y elegante, tuvo un éxito inmediato.

Pole Watches ha querido mantener la pureza de los antiguos relojes de una sola manecilla. Indican las horas y los minutos mediante una sola aguja central que recorre una esfera de 12 horas con divisiones cada 15 minutos. Su aguja tiene un diseño único y elegante, que se caracteriza gracias a su forma y la serigrafía del logotipo sobre la misma.

Aún hoy en día en sitios como Madrid existen relojes de una sola aguja en edificios emblemáticos. Grandes relojes como el del convento de la Encarnación, próximo al Senado o el de la plaza de la Armería del Palacio Real. Éste indica el tiempo con una sola aguja, como en los siglos XV y XVI, en los que la precisión del minuto era inútil.

Al igual que en la medieval ciudad de Toledo, en la Catedral de Santa María de Toledo encontramos un reloj de una sola aguja presidiendo una de las entradas, demostrando que en otra época nos relacionábamos con el tiempo de una manera diferente. Esto nos recuerda disfrutar del tiempo debemos de aprender a vivirlo en lugar de medirlo.

 


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